El Salvador está viviendo una nueva etapa histórica. Existe un nuevo modo de vivir en el país y para todos los ciudadanos, y además, es que el presidente Nayib Bukele lo ha expresado con una claridad meridiana:
“Ahora tenemos que demostrarle a la gente que no solo somos seguridad, sino que también somos educación. La seguridad nos devolvió la paz; ahora ustedes, con la educación, nos van a ganar el futuro”.
Yo suelo insistir en mis análisis cuando hablo de El Salvador, que la seguridad fue la condición previa e irrenunciable para salvar vidas y recuperar el país, y que uno de los verdaderos retos de una nación que ha logrado superarse, es qué cimientos pone para su futuro a largo plazo.
La ruptura con el abandono histórico
En otras ocasiones me han leído o han escuchado en mis intervenciones, que la educación pública en El Salvador fue durante décadas una de las grandes asignaturas pendientes. Los sucesivos gobiernos de ARENA y FMLN no lograron convertirla en una verdadera prioridad de Estado capaz de romper las desigualdades de origen y ofrecer oportunidades suficientes a varias generaciones, ni desgraciadamente supo protegerlos de la violencia, que penetró en escuelas y comunidades, convirtiendo demasiadas veces el abandono escolar en una cuestión de supervivencia. Frente a ese pasado, el país da ahora, con el Gobierno de Bukele, un golpe de timón sin precedentes:
Inversión histórica: El Salvador destinará ahora 3.000 millones de dólares al año a la inversión educativa, lo que supone triplicar con creces los presupuestos de gobiernos anteriores y superar el 8 % del PIB, situándose a la vanguardia de la región.
50.000 becas iniciales: Un programa masivo y progresivo de becas para estudios universitarios, técnicos y vocacionales (en modalidades presenciales, semipresenciales y virtuales a partir del 29 de septiembre), respaldado por una red que creció de 10 a 35 universidades participantes, además de convenios internacionales y la labor de la Dirección de Integración.
Sostenibilidad blindada: Para garantizar que este impulso no dependa del ciclo de un gobierno ni de voluntades pasajeras, se ha firmado un acuerdo de 100 millones de dólares con el BID, con el respaldo añadido del Banco Mundial y CAF.
Un ecosistema integral: Un proyecto que no se limita a la educación superior, sino que articula la primera infancia (CAPI), computadoras universales, tutores de IA, conectividad escolar y modernización de infraestructura.
El derecho a soñar y la falacia del determinismo
Frente a este anuncio, todavía surgen voces en el debate público salvadoreño que, atrapadas en la obsesión de buscar el error constante, incluso en el mas mínimo, tratan de trasladar a la opinión internacional un fallo absoluto de gestión. En esta ocasión, se centran en afirmar que estas becas son un show y que muchos jóvenes “no están preparados académicamente”, por lo tanto terminarán fracasando y frustrados.
Sin embargo, lo que realmente sería un fracaso, es decirle a una generación que porque hoy parte de un nivel determinado, no merece aspirar a más. La educación consiste precisamente en darles las herramientas para que puedan alcanzar oportunidades.
Además, hay una contradicción difícil de ignorar: no se puede responsabilizar a ninguna generación las carencias que heredó. Si durante años miles de jóvenes crecieron en entornos donde estudiar significaba atravesar territorios controlados por pandillas, donde abandonar la escuela podía ser una forma de protegerse o sobrevivir y donde las oportunidades dependían demasiadas veces del lugar en el que habían nacido, utilizar hoy ese rezago como argumento para cuestionar que se les abran las puertas de la universidad, sería obviar las consecuencias del abandono, en su casi total mayoría, la violencia a la que se debían enfrentar.
Ese es precisamente el peligro del determinismo: asumir que el punto de partida de una persona define también su punto de llegada. La educación parte del principio contrario. No pregunta únicamente qué sabe hoy un joven, sino qué puede llegar a ser si encuentra formación, acompañamiento, exigencia y una oportunidad.
Naturalmente, no todos los estudiantes recorrerán el mismo camino ni todos alcanzarán los mismos resultados. Habrá dificultades y abandonos, como sucede en todas partes del mundo. Pero eso nunca puede convertirse en argumento para negar la oportunidad.
Quizá haya quienes no estén preparados todavía, pero eso no significa que no puedan estarlo. Han sido muchos años de desatención a la juventud e infancia. Los colegios y universidades eran nidos para reclutar y extorsionar a padres y niños, el abandono escolar era tan elevado que ni cifras concretas están registradas. El rezago formativo, insisto, existe en todas partes del mundo, pero el punto de partida de hoy no determina hasta dónde puede llegar alguien mañana. Una beca no garantiza que todos vayan a triunfar de inmediato; lo que garantiza es algo mucho más sagrado: una oportunidad real que antes jamás tuvieron.

El propio Banco Mundial se asombra y declara: “El Salvador está abriendo camino con un nuevo enfoque en la educación, utilizando IA, herramientas digitales y datos en tiempo real para transformar el aprendizaje a gran escala y desarrollar las habilidades que los jóvenes necesitan para el futuro… El Salvador está impulsando una reforma pionera que pone la tecnología y la IA al servicio del aprendizaje, beneficiando a más de 500.000 niños”.
Esto se suma a una nota en la que confirmaba su apoyo a los planes de El Salvador en materia de educación. Es realmente un avance sin precedentes, algo que como mínimo ha de hacer reflexionar.
La mayor conquista: el derecho a una segunda oportunidad
Durante más de treinta años, los jóvenes salvadoreños vivieron otro tipo de vida que llevó a muchos a abandonar sus estudios; por el abandono estatal y lo peor, por la violencia pandillera que a miles, les empujó al exilio o a las más trágicas e irreversibles consecuencias. Ese tiempo quedó atrás y hoy estos jóvenes están haciendo historia. Yo pude decírselo a un grupo numeroso que acudió a la presentación de mi libro en BINAES, Crónicas de El Salvador. El país que se atrevió a renacer. Me hizo especial ilusión que mi publico fueran jóvenes estudiantes, y tuve la oportunidad de animarles a estudiar diciéndoles; “porque estudiar también es hacer patria, ustedes son la primera generación que podrá invertir en sí misma y en el desarrollo de su país, sin tener que mirar mas allá de las fronteras para buscar su futuro.”
Hoy el Estado asume su papel garantizando las condiciones y abriendo las puertas, pero existe también un pacto de corresponsabilidad. El presidente Bukele recordó a los estudiantes: “Hay una cosa que ningún gobierno del mundo les puede dar, y eso es el esfuerzo“.
Hoy El Salvador es una nación que limpió y aró su tierra, y que ahora se dispone a cosechar el fruto más valioso de su renacimiento: una generación libre, educada y dueña de su propio destino.